jueves, 28 de mayo de 2015

Trinidad de Iturgoyen (Navarra, España)

Viernes

         Preparado todo, cogiendo todo. En nuestra primera escapada, armados con un colchón, nos han faltado algunas cosas, pero ya están apuntadas para la próxima.
         Comenzamos por buscar un buen sitio para estacionar la furgoneta para dormir. Así que encontramos el sitio ideal para cenar, contra-muslos con salsa fría de yogur con curry. Limpiamos todo con agua y papel, y lo recogimos, para nosotros es importante no dejar nada fuera cuando no estamos, y a la noche. 
          Nuestra primera noche ha sido de lo mas curiosa, hemos dormido rodeados de caballos, vacas y ovejas, y no sólo nos impuso el ruido de los cencerros, y que alguno nos moviese la furgoneta, sino que para colmo nos calló el gran diluvio, pero en cuanto amainó, nos pudimos dormir.

P.D. nosotros dormimos entre el km 24 y la borda (lo que es la entrada del camino)

Sábado

De tanta ansia que teníamos por ir al monte, nos hemos despertado una hora antes de que sonase el despertador.
Lo primero que hicimos fue prepararnos almuerzo, metimos en la mochila el botiquín, bebida, pañuelos, una cantimplora, y los prismáticos. Y nos pusimos con "un mapa dibujado" camino a la Trinidad de Iturgoyen.
Una vez allí almorzamos, hay que reconocer que la bajada se hizo más amena, y que para los perros fue sólo un paseo. Una vez en la furgoneta nos echamos una mini siesta, y después preparamos la comida, y nos volvimos a echar una siesta. 
(Hay que decir que nunca había subido, a la velocidad que subimos, a un monte tan alto)
Al despertar, nos fuimos al monasterio de Iturgoyen, donde tras hacer la cena fuimos al bar, hay una terraza con jardín donde permiten que estén los perros, el dueño muy majo la verdad, y seguido a dormir.

Domingo

Primero aclarar un pequeño cambio de planes, ya que nos cogimos un recuerdo del monte, el cual, por lo visto, estaba más que plagado de bichos. Así que nada más despertarnos limpiamos toda la furgoneta al detalle, al tiempo que lo recogíamos todo.
Desayunamos en el bar, esperando a que diera la hora de apertura del monasterio, decir que aunque es realmente precioso y la recepcionista muy maja, no dejan entrar con los perros dentro.
Al terminar la visita nos fuimos a casa.

P.D. Para ser el primer fin de semana, no estuvo nada mal.